YO YO MISMO Y MIS CIRCUNSTACNCIAS

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domingo 8 de noviembre de 2009

PROMOCIONES OLVIDADAS

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..........Con el título de esta carta, pretendo recoger en pocas palabras, la sensación en la que nos encontramos más de 2000 enfermeros en la provincia de Málaga. Promociones olvidadas, porque, desde el 2002, la bolsa de contratación está cerrada y somos más de 7 promociones, de las 3 Escuelas de Enfermería Malagueñas, las que nos encontramos fuera del sistema de contratación. Pues, en el 2002, no solo se cerró la bolsa, sino también se cerraron para muchos, las opciones de trabajo, los sueños, las ilusiones y nuestro desarrollo profesional como enfermeros.
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Sobre el 2005, se propuso un modelo de bolsa de contratación único e innovador, la archiconocida Bolsa Única, pero a fecha de hoy, sigue cerrada, sin funcionar para Enfermería y sustentada a base de mentiras, engaños e incomunicación directa por parte de sus responsables. Estamos cansados de falsas noticias sobre su apertura, cortinas de humo que solo favorecen a unos pocos, con contratos “irregulares” por no decir “enchufados”. De nada nos sirve aportar méritos cada año, si no se abre la bolsa. Basta ya de tanta mentira y engaño, que solo nos lleva a seguir perdiendo la ilusión que teníamos antes de empezar la carrera. El sistema es único, no me extraña, si es la ÚNICA Comunidad Española que no tiene una bolsa de contratación actualizado para nuestro gremio.
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Solo trabajamos para cubrir las vacaciones de Verano, Navidad y Semana Santa, en ese momento, el SAS, SI, se acuerda de nosotros, de lo que valemos, pero que pasa el resto del año, ¿No, seguimos, siendo enfermeros? ¿No seguimos acaso, Preocupados por nuestro futuro laboral?.

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No me extraña nada, que compañeros, decidan irse a otros países, donde la Enfermería Española está más que valorada. Pero si, yo fuese dirigente político de España, me avergonzaría, costear la educación pública y universitaria de miles de enfermeros al año, para que otros países sean los que se lucren de esta formación en la cual el Estado ha dedicado un valioso tiempo y presupuesto público.

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Quiero hacer eco de nuestra situación, a todos los compañeros que ya tienen una estabilidad laboral, asegurada, hacerles ver, que nosotros somos el futuro de la enfermería malagueña, y que no nos vamos a quedar callados y parados. En esta lucha, el “enemigo” quizás posea el caballo mejor preparado, pero en número y en ganas de luchar no nos ganan. El camino es largo, pero más largas son nuestras ganas de comenzar a andarlo y llegar a nuestra meta.
Estoy MUY harto de la situación en la que me encuentro, desde que acabe mi carrera. Harto de dirigirme a sitios, sin encontrar respuestas que justifiquen la situación en la que nos encontramos. Pero seré constante en mi lucha hasta que vea un ápice de luz en mi futuro. Pienso luchar, quejarme y manifestarme con todo lo que esté a mi mano. Porque, a pesar, de las trabas que me pone el SAS, para mi desarrollo profesional, sigo enamorado día a día de la profesión de Enfermería, pues vivo por y para ella.

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Manuel Benjumea Reyes

sábado 31 de octubre de 2009

CRONICAS DE UN GAY

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CRÓNICAS DE UN GAY

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(Ama, si el amar libremente es pecado
he pecado libremente por amar)

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Na' mas fue ver la luz,
lo bautizaron de sinvergüenza
sin camisita y sin canesú.

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Pero Manuel juega con muñecas,
nunca ha visto el cielo azul.
Siempre tuvo indiferencia
aunque con una inquietud,
vestía de blanco sus inocencias
no tuvo norte ni tuvo sur
pero muy claras sus ideas.
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Na' mas fue ver la luz
y presagiaron su adolescencia,
que llevaría en esclavitud
como castigo y penitencia,
amanerada su aptitud,
la sociedad no le importaba si
algún día lo trataba
con desprecio y con ausencia
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Sin camisita y sin canesú
pero Manuel juega con muñecas.
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Y que gracia le da
ver señores que esconden tras la sotana, unas ideas equivocadas
a las que enseño El Señor,
le da vergüenza como imponen su doctrina,
crucifican a la vida y hablan en pos del amor.

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Es imposible que en el siglo XXI,
todavía guarden ayuno y vayan de antipecador.
Mas le valdría un examen de conciencia
vaya a ser, que Su Excelencia
sea acusao' de dictador.

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Na' mas fue ver la luz,
lo bautizaron de sinvergüenza
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Manuel tiene los ojos puesto en su madre,
por que le da reparo hablar con su padre
le da tanta penita
que se entere que su niño,
ha cambiado de ser hombre
a ser un hermafrodita,
aunque no teme que la vida,
lo tache de mariquita.

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Na' mas fue ver la luz
y sin reparo,
sabia que su cuerpo estaba equivocado
no busca culpable
ni señala con el dedo
no ha pedido explicaciones, a algo
que es inexplicable.
Se mira ante el espejo
y se siente invulnerable.

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Y que gracia le da
ver señores que esconden tras la sotana, unas ideas equivocadas
a las que enseño El Señor
le da vergüenza como imponen su doctrina,
crucifican a la vida y hablan en pos del amor.
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Es imposible que en el siglo XXI
todavía guarden ayuno y vayan de antipecador.
Mas le valdría un examen de conciencia
vaya a ser, que Su Excelencia
sea acusao' de dictador.

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Na' mas fue ver la luz
lo bautizaron de sinvergüenza...

Crónicas de un gay

El Barrio - Duermevela

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Una vez más la cultura y sus medios, tiran una lanza a favor de un colectivo, tan mal visto por el mundo eclesiástico. Como bien dice la letra de la canción, invito a todos esos seres con sotana física o sotana mental, que hagan un examen de conciencia, a ver hasta donde son capaces de reconocerse. Desde aquí. simplemente Gracias!!!.

M. Benjumea

domingo 25 de octubre de 2009

Y tú, ¿A que juegas?

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..........La vida en sí, es un reto, una partida, dónde nosotros, somos las piezas de un juego con final anunciado. Cada día me siento más humano y participe de la jugada, quiero mojarme, quiero opinar, sentir y odiar, todo a la vez y todo por separado, empaparme de mi entorno, subir y bajar las cuestas de la batalla, pero siempre, pensando en ti y en nosotros.
Hoy, me acorde de ti, de cuando jugábamos a escondidas, de cuando nos hacíamos trampas, zancadillas, pero otra vez estábamos en pie y en lucha.
Temía haber olvidado aquellos momentos de unidad, de juego, de vicio, de amor....
Pero las cortinas del recuerdo, vuelven agitar mi mente, la brisa las mece lentamente, permitiéndome observar de nuevo el viaje foto a foto, instantánea a instantánea. Hay fotos marchitas, opacas, traslucidas o borrosas, esas no merecen la pena volver a ser vistas, volver a ser visitadas. La que me importan son aquellas que mantienen sus coloridos, incluso apostaría que ahora son incluso más llamativos, vistosos.
El juego nunca se olvida, las reglas son las mismas, pero el miedo vuelve a la mente.
Miedo a fallar de nuevo, a no saber interpretar las normas, tus normas. Miedo a cometer los mismos fallos, a errar nuevamente en cada oportunidad que nos brinda el destino. Miedo a no ser participe de cada jugada, de cada movimiento, cuál ínfimo pero no por ello, menos importante.
Quiero jugar contigo nuevamente, sentirme atrapado en los deseos, vivir unas olimpiadas nuevamente, pero dudo si llevarlo a la realidad o mantener la ilusión mentalmente, por que aunque ambos sabemos jugar, cada cual, tiene su forma y su estilo, pero para variar, yo sigo con mis dudas, mi mente sigue con sus dudas, mi corazón sigue con sus dudas y ambos nos preguntamos mutuamente: Y tú, ¿A que juegas?...

lunes 12 de octubre de 2009

EMPIEZA UNA NUEVA ETAPA

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.....Bueno, pues he tardado mucho en escribir por que estoy atravesando una etapa de cambios y nuevas direcciones.
Este año, me he matriculado en Bellas Artes, ya se, que no tiene nada que ver con la Enfermería (profesión que adoro y de la cual estoy cada día más enamorado). Pero era una espinita que tenía clavada y la tentación pudo conmigo. Aún no hemos empezado el curso, me queda algo menos de una semana, pero la ilusión me mantiene con ganas de abarcar esta nueva meta. Ya os iré contando conforme avancen los proyectos.
Pintar, siempre me gustó mucho, mi último cuadro es el de la imagen de arriba, quiero compartirlo con vosotros, porque formáis parte de mi universo, los hay muy cercanos otros que físicamente están a miles de kilómetros de distancia, pero vuestras visitas diarias hace que crezca cada día un poquito más.
Espero ir apareciendo con más frecuencia a partir de ahora, pero este verano ha sido un poco movido (como los que a mi, me gustan).
Daros las gracias por vuestro apoyo y comentarios.
Yo no sería el mismo, sin vuestras, nuestras, circunstancias.
Gracias a todos de nuevo.

jueves 24 de septiembre de 2009

La España Cañí



"España Cañí" por A. Pérez Reverte


Vamos a llamarlo, si les parece bien, hospital del Venerable Prepucio de San Agapito. O, si lo prefieren, de los Siete Dolores de Santa Genoveva. Para más datos, añadiremos que está situado en una ciudad del sur de España. Y el arriba firmante –yo mismo, vamos– camina por el pasillo de una de sus plantas después de haber conseguido, tras arduas gestiones, intensas sonrisas y mucho hágame el favor, permiso para visitar a un amigo internado de urgencia, al que sus innumerables pecados y vida golfa dejaron el hígado y otros órganos vitales en estado lamentable.

Voy por el pasillo, en fin, pensando en un informe publicado hace poco: uno de cada diez trabajadores de hospital español sufre agresiones físicas por parte de pacientes o sus familiares, y siete de cada diez son objeto de amenazas o insultos ante la pasividad de los seguratas correspondientes. Que con frecuencia, según las circunstancias, prefieren no complicarse la vida. Y no deja de tener su lógica. Una cosa es decir no alborote, señora, caballero, a un ama de casa de Reus o a un jubilado de Úbeda cabreados con o sin motivo, y otra diferente, más peliaguda, impedir que un musulmán entre a la fuerza con su legítima en el quirófano, decirle a un subsahariano negro de color que no es hora de visitas, o informar a cuatro miembros de la mara Salvatrucha que la puñalada que recibió su amigo Winston Sánchez no se la podrán coser hasta mañana. Ahí, a poco que falle el tacto, sales en los periódicos.

Pienso en eso, como digo, mientras busco la habitación B-37. En éstas llego a una sala de espera con los asientos y el suelo cubiertos de mantas, papeles, vasos de plástico y botellas de agua vacías; y cuando me dispongo a embocar el pasillo inmediato, dos gitanillos que se persiguen uno a otro impactan, sucesivamente, contra mis piernas. Me zafo como puedo, mientras creo recordar que en los hospitales están prohibidos los niños, sueltos o amarrados. Luego miro en torno y veo a una señora entrada en carnes, con una teta fuera y dándole de mamar a una rolliza criatura que sorbe con ansia de superviviente. Slurp, slurp, slurp. A ver dónde me he metido, pienso con el natural desconcierto. Entonces miro hacia el pasillo y me paro en seco.

Imaginen un pasillo de hospital de toda la vida. Y allí, arremolinada, una quincena de personas vociferantes: seis o siete varones adultos, otras tantas mujeres y algunos niños parecidos a los que acaban de dislocarme una rótula en la sala de espera. Sobre los mayores, para que ustedes se hagan idea, tecleas juntas en Google las palabras García Lorca, Guardia Civil, Heredias, Camborios, primo y prima, y salen sus fotos: patillas, sombreros, algún bastón con flecos, dientes de oro y anillos de lo mismo. Sólo les falta un Mercedes del año 74. Los jóvenes visten de oscuro y tienen un aire desgarrado y peligroso que te rilas, a medio camino entre Navajita Plateá y las Barranquillas. En cuanto a las Rosarios, sólo echas de menos claveles en los moños. Las jóvenes tienen cinturas estrechas, pelo largo, negrísimo, y ojos trágicos. Una lleva un niño en brazos. Todas van de negro, como de luto anticipado. Y en el centro del barullo, pegado a la pared, un médico vestido de médico. Acojonado.

«Ha matao ar papa, ha matao ar papa», gritan las mujeres, desgañitándose. Insultan y amenazan al médico los hombres, más sobrios y en su papel. «He dihe que ze moría y za muerto», dice uno de ellos, inapelable. «Te vi a rahá.» El médico, pálido, más blanco que su bata, la espalda contra la pared, balbucea explicaciones y excusas. Que si era muy viejo, que si aquello no tenía remedio. Que si la ciencia tiene sus límites, y tal. «Lo habei matao, criminá», vocifera otro, pasando mucho del discurso exculpatorio. Una de las Rosarios salta con extraño zapateado, agitándose la falda. «Er patriarca», se desmelena. «Er patriarca.» Lloran y gritan las otras, haciendo lo mismo. «Pinsharlo, pinsharlo», sugiere una de las jóvenes. «Que ha matao ar papa.»

Me quedo donde estoy, prudente. Mejor el médico que yo, pienso. Que cada cual enfrente su destino. Algunas cabezas de enfermos y visitantes asoman por las puertas de las habitaciones, contemplando el espectáculo con curiosidad. Miro alrededor, buscando una ruta de retirada idónea. Los dos gitanillos continúan persiguiéndose sobre las mantas y las botellas vacías, y el mamoncete sigue a lo suyo, pegado a la teta. Slurp, slurp. En la máquina del café, dos guardias de seguridad, vueltos de espaldas a lo que ocurre en el pasillo, parecen muy ocupados contando monedas y buscando la tecla adecuada para servirse un cortado. Me acerco a ellos. ¿Hay capuchino?, pregunto, metiendo un euro. Ellos mismos pulsan mi tecla, amables. Estamos los tres en silencio mientras sale el chorrito...

martes 8 de septiembre de 2009

AMOR CLANDESTINO

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Temo perderme en mis pensamientos, temo alejarme de ti, perderte en la nada y no poder seguir. Me conformo con mirarte de reojo y a escondidas y entristecerme en las despedidas.
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Vives tu vida ajeno a mi, con alguien más a tu lado y mientras, yo, tengo que asumir que de ti me he enamorado.
Maldito destino que cruza mi camino, que impide seguir el tuyo, como un fiel amigo.
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Amor clandestino, me ha tocado vivir, siendo normales, nos entregamos a deseos carnales, a miradas lascivas, a caricias furtivas, a besos apasionados, ajenos a un mundo hipócrita, ajenos a un mundo al revés, donde lo malo es lo bueno, dónde lo que parece, nunca lo es.
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Amor clandestino, es el que me das y el que yo te doy, fuera del camino que marca la ley, dentro de lo prohibido. Te siento y te obedezco, pues tuyo soy, odio vivir así eternamente, pero así he nacido, así he escogido.

Amor a escondidas y caricias prohibidas por la sociedad, por una puta sociedad intolerante, que arde, que quema, que mata.
Amor censurado que mucho ha durado y no acabara, vivirá eternamente bajo el infierno que lo azota, perdurará en el espacio y tiempo, mientras yo viva, mientras yo sea recordado, mientras tu vivas, mientras tu estés a mi lado.

domingo 30 de agosto de 2009

AMOR GAY


Amor gay
Por Arturo Pérez-Reverte

Nunca antes me había fijado en la cantidad de parejas homosexuales que se ven paseando por Venecia. Los encuentras caminado por los puentes, a la orilla de los canales, cenando en los pequeños restaurantes del casco viejo. No suele tratarse de dúos espectaculares, sino todo lo contrario: gente discreta, tranquila, a menudo con aspecto educado. Mirando a los demás aprendes cantidad de cosas, y en el caso de estas parejas siempre me encanta sorprender sus gestos comedidos de confianza o afecto, el reparto convencional de roles que suele darse entre uno y otro, la ternura contenida que a menudo sientes flotar entre ellos, en su inmovilidad, en sus silencios.
Pensaba en todo eso el otro día, a bordo del vaporetto que cubre el trayecto de San Marcos al Lido. Sobre la laguna soplaba un viento helado, los pasajeros íbamos encogidos de frío, y en un banco de la embarcación había una pareja, hombre y hombre, cuarentones, tranquilos. Se sentaban muy juntos, apoyado discretamente un hombro en el del compañero, en un intento de darse calor. Iban quietos y callados, mirando el agua verdegris y el cielo color ceniza. Y en un momento determinado, cuando el barco hizo un movimiento y la luz y la gama de grises del paisaje se combinaron de pronto con extraordinaria belleza, los vi cambiar una sonrisa rápida, fugaz, parecida a un beso o una caricia.
Parecían felices. Dos tipos con suerte, pensé. Aunque sea dentro de lo que cabe. Porque viéndolos allí, en aquella tarde glacial, a bordo del vaporetto que los llevaba a través de la laguna de esa ciudad cosmopolita, tolerante y sabia, pensé cuántas horas amargas no estarían siendo vengadas en ese momento por aquella sonrisa. Largas adolescencias dando vueltas por los parques o los cines para descubrir el sexo, mientras otros jóvenes se enamoraban, escribían poemas o bailaban abrazados en las fiestas del Instituto. Noches de echarse a la calle soñando con un príncipe azul de la misma edad, para volver de madrugada, hechos una mierda, llenos de asco y de soledad.
La imposibilidad de decirle a un hombre que tiene los ojos bonitos, o una hermosa voz, porque, en vez de dar las gracias o sonreír, lo más probable es que le parta a uno la cara. Y cuando apetece salir, conocer, hablar, enamorarse o lo que sea, en vez de un café o un bar, verse condenado de por vida a los locales de ambiente, las madrugadas entre cuerpos Danone empastillados, reinonas escandalosas y drag queens de vía estrecha. Salvo que alguno -muchos- lo tenga mal asumido y se autoconfine a la alternativa cutre de la sauna, la sala X, la revista de contactos y la sordidez del urinario público.
A veces pienso en lo afortunado, o lo sólido, o lo entero, que debe de ser un homosexual que consigue llegar a los cuarenta sin odiar desaforadamente a esta sociedad hipócrita, obsesionada por averiguar, juzgar y condenar con quién se mete, o no se mete, en la cama. Envidio la ecuanimidad, la sangre fría, de quien puede mantenerse sereno y seguir viviendo como si tal cosa, sin rencor, a lo suyo, en vez de echarse a la calle a volarle los huevos a la gente que por activa o por pasiva ha destrozado su vida, y sigue destrozando la de los chicos de catorce o quince años que a diario, todavía hoy, siguen teniéndolo igual que él lo tuvo: las mismas angustias, los mismos chistes de maricones en la tele, el mismo desprecio alrededor, la misma soledad y la misma amargura.
Envidio la lucidez y la calma de quienes, a pesar de todo, se mantienen fieles a sí mismos, sin estridencias pero también sin complejos, seres humanos por encima de todo. Gente que en tiempos como éstos, cuando todo el mundo, partidos, comunidades, grupos sociales, reivindica sus correspondientes deudas históricas, podría argumentar, con más derecho que muchos, la deuda impagada de tantos años de adolescencia perdidos, tantos golpes y vejaciones sufridas sin haber cometido jamás delito alguno, tanta rechifla y tanta afrenta grosera infligida por gentuza que, no ya en lo intelectual, sino en lo puramente humano, se encuentra a un nivel abyecto, muy por debajo del suyo. Pensaba en todo eso mientras el barquito cruzaba la laguna y la pareja se mantenía inmóvil, el uno contra el otro, hombro con hombro. Y antes de volver a lo mío y olvidarlos, me pregunté cuantos fantasmas atormentados, cuántas infelices almas errantes no habrían dado cualquier cosa, incluso la vida, por estar en su lugar. Por estar allí, en Venecia, dándose calor en aquella fría tarde de sus vidas.

Arturo Pérez-Reverte